“Es lunes por la mañana. Son las 7 a.m, como a mí me gusta, siempre a la misma hora. Mi madre me levanta de la cama con un “buenos días, cielo”, aunque yo no le digo nada. Ella siempre viene a mi habitación para decirme lo que tengo que hacer a continuación con una sonrisa. No entiendo muy bien sus caras, pero al menos sé que está contenta, porque me han explicado cómo es esa expresión. Como es lunes, hoy toca ponerme el uniforme para el colegio. Así que voy al cuaderno que me ha dado mi madre para saber qué es lo que tengo que hacer. Una vez que me visto, voy a la cocina a desayunar. Como cada lunes, toca cereales con leche. Cuando desayuno siempre tengo que tener toda la cubertería de color azul, y la cuchara en el lado derecho y el tenedor a lado izquierdo. Pero hoy, cuando llego, la cuchara no es de color azul. Es roja. No me gusta el color rojo y me empiezo a poner muy nerviosa. Mis padres se dan cuenta, y me cogen de la mano y me explican que ese cubierto se está lavando en el lavavajillas y no me lo han podido poner. No me gustan que me toquen y más en este momento que me empiezo a poner más nerviosa. No entiendo por qué no puedo comer con mi cuchara de color azul. Me crea un nerviosismo, una agitación por dentro, un desasosiego que me es muy difícil de tratar. Finalmente, mi madre me lava a mano ese cubierto y ya todo vuelve a la normalidad. Todo en mi mundo vuelve a ser como siempre.

Llega el momento de ir al colegio. He de decir que son las peores horas de mi vida. Nada más entrar, hay un ruido infernal en toda el aula. Me molesta mucho el ruido, el bullicio de la gente entrando, dejando las cosas en sus lugares etc. Son muchos detalles a los que mi cabeza les quiere prestar atención y eso me produce un agotamiento mental muy desagradable. Para ello, cuando entro al colegio y a mi clase, lo que hago es ponerme unos cascos de escuchar música. No están conectados a nada, pero de este modo se atenúa mucho el ruido de la entrada a clase. Mis compañeros saben lo que me pasa, y algunos de ellos, me dicen hola con la mano. Yo les contesto de la misma manera. Me han enseñado lo que significa ese gesto y como tengo que responder yo. Las clases van pasando más o menos. Algunas clases mejor que otras. Me encanta las matemáticas. Son unos contenidos que parecen que están escritos en mi idioma. Mi idioma es mi gran problema. ¿Alguna vez has ido a otro país en el que no hablan tu idioma y te resulta difícil entender a la gente y que la gente te entienda a ti? Pues así es como me siento yo cuando llega la hora del recreo. Lo que suelo hacer es pasear por una zona del patio con mis cascos. Aunque algunas veces, se me han acercado algunos compañeros de mi clase y hemos paseado juntos. Pero, a veces dicen comentarios que yo no lo entiendo; “Pepe, está como una cabra”. En ese momento, miro a Pepe y no le veo ningún parecido a una cabra. Son totalmente diferentes.

Por la tarde, cuando llego a casa, vuelvo a estar mucho más tranquila. En mi casa, ya saben lo que puede hacer que pueda tener una crisis. Por eso, todo está perfectamente señalado y cronometrado. La hora de hacer los deberes es de 16:00 – 19:00 horas. Tengo mucha capacidad para memorizar, me puede acordar de pequeños detalles que el resto de las personas a veces no son capaces.

Pero a pesar de todo esto, también me gusta sentirme querida. Por eso, el beso de buenas noches que me da mi madre y mi padre cuando estoy en la cama, es lo más especial de mi día.”

 

¿QUÉ ES EL TRASTORNO DEL ESPECTRO AUTISTA (TEA)?

El TEA es un trastorno neurobiológico que afecta a la configuración del sistema nervioso y al funcionamiento cerebral, dando lugar a dificultades en dos áreas principalmente: la comunicación e interacción social y la flexibilidad del pensamiento y de la conducta.

En primer lugar, los déficits en la comunicación y en la interacción social se ponen de manifiesto en los siguientes signos (DSM- V, 2013):

  1. No hay reciprocidad en la conversación y no entienden las frases ambiguas o con doble sentido
  2. Su conversación se basa en un tema por el que están interesados, aunque al resto no le interese dicha conversación o tema.
  3. Pueden referirse a sí mismos en 2ª o 3ª persona.
  4. Presentan ecolalia (repiten palabras o frases que escuchan)
  5. Usan palabras que no tienen relación con la conversación que mantienen.
  6. Alteración de la prosodia
  7. Sus gestos y movimientos no suelen ser congruentes con lo que dice
  8. No responden a su nombre o llamadas de atención.
  9. Dificultad para adaptarse a cambios de rutina.
  10. Pobre contacto visual
  11. Incapacidad para entender el punto de vista de la otra persona o comprender las acciones del otro.
  12. Pueden aparecer limitaciones en el juego imaginativo o imitativo.

Por otro lado, los patrones de conducta y pensamiento restringido y repetitivo se hacen notorios en los siguientes signos (DSM – V, 2013):

  1. Aparecen estereotipias, manierismo y balanceos, movimientos repetidos de las manos y dedos.
  2. Presencia de compulsiones y rituales
  3. Surgen intereses duraderos e intensos en ciertos temas como números, detalles o hechos.
  4. Hipo o hiperactividad ante determinados estímulos sensoriales (auditivos, táctiles, olfativos…)

Sin embargo, las personas con TEA también presentan fortalezas y habilidades como son (Moragrega Vergara , 2019):

  • En algunos casos, inteligencia por encima del promedio
  • Logran aprender las cosas con detalle y recordarlas durante largos periodos de tiempo
  • Aprendizaje visual y/o auditivo marcado
  • Pueden ser extraordinariamente habilidades en matemáticas, ciencia, música o arte.

 

 

 

¿CUÁLES SON LOS SIGNOS DE ALERTA?

Algunas señales que podemos atender según la edad son las siguientes (Ventura, 2014):

  1. Antes de los 12 meses
    1. Dificultades para dirigir la mirada hacia las personas
    2. No muestra interés por juegos interactivos simples
    3. No aparece el llanto ante los extraños sobre los 9 meses.
    4. No se muestra receptivo cuando va a ser cogido
  2. Después de los 12 meses
    1. Hay una falta de respuesta ante su nombre
    2. No muestra objetos
    3. Inexistencia de imitación espontánea
    4. No miran hacia donde otros señalan
    5. Se produce una respuesta inusual ante estímulos auditivos
    6. Ausencia de balbuceo social
    7. No señala para pedir
  3. A partir de los 36 meses
    1. Aparece un retraso en el lenguaje
    2. Aparece la ecolalia
    3. Alteración en la prosodia
    4. Déficit en la comunicación no verbal
    5. No aparece la sonrisa social para compartir placer y responder a los demás.
    6. Ausencia de juegos de representación o imitación social
    7. No hay interés por los niños de su edad
    8. Dificultad para iniciar juegos simples o participar en otros juegos sociales sencillos
    9. Prefieren jugar solos
    10. Aparece la resistencia a los cambios
    11. Prefieren juegos repetitivos
    12. Aparece el apego inusual a algún juguete o objeto
    13. Muestran una alta sensibilidad a los sonidos, al tacto y a ciertas texturas
    14. Adquieren patrones posturales extraños, como andar de puntillas
    15. Pueden aparecer estereotipias.

¿CÓMO PUEDE AYUDARLE LA TERAPIA A LAS PERSONAS CON TEA?

Las personas que presentan TEA, ven afectadas muchas áreas de su vida a causa de las dificultades que presentan en las distintas funciones cerebrales superiores. Por este motivo, los diversos estudios promueven que las intervenciones deben seguir un modelo multidisciplinar. Ésta se debe focalizar en potenciar los puntos fuertes de la persona y el desarrollo personal. Además, las intervenciones debe englobar todo el entorno del niño: la familia, los profesores y la comunidad.

Los estudios sugieren que las intervenciones con las personas afectadas de TEA deben poseer las siguientes características (Mulas, Ros – Cervera, Millá, Etchepareborda, Abad y Téllez de Meneses, 2010):

  1. Intervención temprana, incluso sin esperar al diagnóstico definitivo
  2. Intervención intensiva. Es recomendable que el niño reciba el mayor número de horas de estimulación para que se obtengan más beneficios a largo plazo.
  3. La intervención debe ser individualizada
  4. Intervenciones familiares. Las familias no solo deben conocer el diagnóstico, sino también deben tener herramientas e información para saber cómo tratar a su hijo.
  5. Dar la oportunidad de interaccionar con niños de su misma edad sin problemas
  6. Medicación, en los casos necesarios.
  7. Se debe mantener un alto grado de estructuración en la vida del paciente.
  8. Se deben emplear estrategias que permitan la generalización y la perpetuación de las actividades aprendidas.
  9. Promover la comunicación funcional y espontánea
  10. Fomentar las habilidades sociales
  11. Potenciar las habilidades cognitivas, como el juego simbólico
  12. Desarrollo de funciones ejecutivas (planificación, programación, anticipación, autocorrección, etc)

Estas son solo algunas de las recomendaciones generales que pueden tener. Sin embargo, hacer una detección precoz es fundamental para tener un mejor pronóstico de la funcionalidad del paciente y de su entorno.

 

Alba María García Rasero

Neuropsicóloga Clínica

N.º Col.: M-32464

 

BIBLIOGRAFÍA

American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 5th. Edition (DSM-5). Washington, DC.: American Psychiatric Association; 2013.

Confederación Autismo España . (s.f.). Obtenido de Trastorno del Espectro del Autismo : http://www.autismo.org.es/sobre-los-TEA/atencion_temprana%20

Moragrega Vergara , I. (2019). Neurobiología del desarrollo y Trastornos Asociados . Universidad Internacional de Valencia .

Mulas F, Ros-Cervera G, Millá MG, Etchepareborda MC, Abad L, Téllez de Meneses M. Modelos de intervención en niños con autismo. Rev Neurol 2010; 50 (Supl 3): S77-84.

Ventura, J. G. (7 de Julio de 2014). En Familia AEP . Obtenido de Señales de alerta para su detección : https://enfamilia.aeped.es/temas-salud/senales-alerta-para-deteccion-autismo