La realización de ejercicio físico no sólo es buena para nuestro cuerpo, también regula el interior de nuestro organismo y mejora nuestro estado mental. Si este estímulo, que es el ejercicio, lo prolongamos en el tiempo a modo de rutina (semanal), lograremos una amplia mejora a nivel mental.

El cerebro libera distintas hormonas al realizar ejercicio: serotonina, endorfina, dopamina y oxitocina. Estas hormonas mejoran el rendimiento cerebral y su estado en torno a las emociones producidas por estas.

Desde el punto de vista fisiológico, la realización de deporte o cualquier otro ejercicio físico hace que el organismo se regule metabólicamente y funcione mejor. Obviamente a esto se le debe añadir una buena alimentación.

Cuando se realiza ejercicio físico, sea cual sea, siempre y cuando sea constante, el cuerpo realiza cambios, aumenta la fuerza y la percepción de cada uno de esa fuerza, no sólo estás más fuerte, también te sientes más fuerte. Mejoran las capacidades relacionadas con el movimiento, como el equilibrio y la coordinación, ya que existe una mejora de la concentración (de lo que se está haciendo en ese momento). Por lo tanto, al enfocarse en la concentración (una habilidad mental) mejoran las capacidades de atención y autocontrol, que, dependiendo de las patologías mentales que presente una persona, o del riesgo a sufrirlas, hará que estas tengan una pequeña mejora o dificultad de aparición. Siempre que añadimos una rutina a nuestra vida, la mente percibe cierto orden. Si añadimos una rutina de ejercicios en nuestro día, repartiremos el resto de tareas según esa rutina, es decir, tendremos cosas que hacer antes del ejercicio y otras después. Con una sola acción que tengamos fija, el resto de actividades se marcarán “solas”. Esto ayuda a mejorar la organización y a establecer unos objetivos diarios que cumplir. Para las personas muy distraídas también les ayudará a mantener una guía para el resto del día.

Cuando el organismo recibe ese estímulo de forma periódica, se empieza a adaptar a él, y así se prepara para la siguiente ocasión en la que vaya a suceder ese mismo estímulo. Una vez que el cuerpo se haya adaptado, no solo a nivel muscular, sino también a cada reacción química producida por este estímulo, el organismo será más receptivo a realizar ese esfuerzo, porque debe de haber un esfuerzo, ya que si no, el estímulo producido será indiferente y no habrá ni adaptación, ni mejora. Al igual que con el objetivo, ¿porqué debemos realizar ejercicio? ¿Para qué?  Si no fijamos un objetivo en el tiempo, tendremos prisa por alcanzar lo que queremos con esa nueva rutina (el ejercicio físico) y, si no ocurre lo antes posible habrá una pérdida de motivación y se abandonará la rutina y jamás se llegará a ese objetivo deseado.  Muchas veces la falta de disciplina hace que se fracase en el camino. Por ello debemos tener una meta fijada en el tiempo, para que cada vez que tengamos un mal día o pensemos que por una vez que fallemos “no pasará nada” perdemos esa disciplina.  Tampoco debemos confundir el estar enfermos o tener fatiga acumulada (ya sea por el trabajo o por el propio ejercicio físico), a la falta de disciplina y/o motivación. Descansar es igual de importante que la realización de ejercicio, porque en el descanso se produce la
mejora muscular. Si en algún momento dado hay alguna circunstancia que nos impide realizar ese deporte o ejercicio, debemos aceptarla y respetarla. Faltar a un entrenamiento no nos va a perjudicar y no debemos obsesionarnos por ello.

Debemos encontrar el equilibrio que existe entre la motivación que genera el objetivo y la disciplina (fuerza mental) de cada uno. Cuando falla una, debe estar la otra para suplir esa falta y así mantenerse en el hábito que queremos lograr. Si el objetivo no está claro y no tenemos la suficiente autodisciplina, y me refiero a ella como “fuerza mental”, a la actitud con la que te enfrentas a ese objetivo, fallaremos en el intento. Por eso, el equilibrio de ambas capacidades es tan importante. Gracias a ello, mantendremos la rutina y lograremos alcanzar la meta y, una vez alcanzada, la satisfacción de haberla logrado. Esto supondrá buscar un nuevo objetivo, pero con mucha más seguridad y motivación.

Los beneficios que aporta el ejercicio físico son muchos y dependen de cada persona y sus necesidades, tanto físicas como psicológicas. Para algunas, puede ser su “vía de escape” o el momento de dar culto a uno mismo, centrarse y buscar lo mejor para ti. Ese estado de concentración máxima ayuda a ver como eres por dentro y por fuera. Y no solo eso, cuando tienes una rutina de algo que sabes que es por tu propio bienestar, saludable, beneficioso y que tiene una gran aceptación social, empiezas a mejorar en otros aspectos de tu vida, porque cuando alguien es feliz expresa esa felicidad a los demás, a menudo, contagiosa. Y así, otras personas se motivan y deciden realizar esas rutinas tan buenas para uno mismo. Lo que quiero decir, es que cuando piensas en tu propio bienestar (en todos los aspectos), ayudas a los demás a que busquen la forma de adquirir esos beneficios.

 

 

Lucía Fernández García

Monitora deportiva y experta en nutrición deportiva