El estrés es una respuesta de alarma, no una emoción, que está presente tanto en el ser humano como en los animales. Sentirlo suele considerarse como algo negativo hoy en día, pero lo cierto es que es un mecanismo de supervivencia a través el cual, nuestros antepasados, consiguieron salir adelante en entornos muy diversos, a pesar de los depredadores que también habitaban en ellos.
Hoy en día conservamos este mecanismo y cuando nos exponemos a una situación peligrosa o demandante se produce lo que se conoce como respuesta de estrés:
¿A qué se orienta la respuesta de estrés?
Está orientada a facilitar una mejor toma de decisiones y ejecución ante la situación a nivel cognitivo y la preparación para afrontar un ataque o una huida.
Puede considerarse como una respuesta psicofisiológica ante acontecimientos o situaciones vitales que ponen a prueba la resistencia física y/o psicológica de la persona. Su intensidad puede depender de la personalidad de la persona y de su expectativa respecto a su capacidad para afrontamiento. Así, una situación puede ser estresante para algunas personas y para otras no tanto. Esto ocurre porque la evaluación y la interpretación de unos sucesos determinados pueden variar entre las personas.
¿Cómo reacciona nuestro cerebro?
Cuando percibimos un estímulo estresante, el cerebro lo evalúa con la ayuda de la amígdala y envía la información al hipotálamo, en concreto al núcleo paraventricular.  El hipotálamo envía mensajes a la hipófisis y al sistema nervioso autónomo simpático, que forman dos sistemas neurohormonales llamados sistema hipotalámico-hipofisario-suprarrenal (HHSR) y sistema simpático-suprarrenal (SSR), respectivamente.
En el sistema HHSR, la hipófisis segrega la hormona corticotropina que está regulada por el hipotálamo mediante el factor liberador de la corticotropina. La corticotropina va a parar a las glándulas suprarrenales para que segreguen glucocorticoides (en concreto cortisol), que llegará hasta los órganos llamados diana.
En el sistema SSR, el sistema simpático envía mensajes de dos tipos:
-Unos de acción directa a través de neurotransmisores que van a parar a la médula suprarrenal
-Otros hormonales (noradrenalina).
Tanto la noradrenalina como la adrenalina segregada por la médula suprarrenal van a parar a los órganos diana.
Cuando los órganos diana, ubicados en todo el organismo, reciben a los mensajeros se producen alteraciones fisiológicas como, por ejemplo:
-Aceleración ritmo cardiaco.
-Aumento de la presión sanguínea
-Incremento del gasto glucosa
-Inmunosupresión
El objetivo de estas alteraciones es preparar al cuerpo para la acción ante el estímulo y que pueda afrontarlo mediante un mecanismo de lucha o huida que se puede aplicar en un plano fisiológico o en otro relacionado con la psicología de la persona:
-Plano fisiológico: por ejemplo, cuando uno de nuestros antepasados reaccionaba huyendo o atacando al ver que un depredador estaba al acecho.
-Plano psicológico: cuando lo que provoca el estrés es de carácter emocional o tiene significado personal.
Además, respecto a desafíos psicológicos se puede destacar la facilitación de la consolidación de la memoria, ubicada en el hipocampo, junto a la amígdala. El recuerdo resulta mucho más accesible cuando está asociado a una o varias emociones intensas.
¿Qué consecuencias tiene el estrés prolongado?
Las consecuencias del estrés prolongado y desadaptativo pueden ser muy diferentes e ir desde las alteraciones emocionales hasta problemas de orden cognitivo (pérdidas de memoria, dificultades en la capacidad de aprendizaje, disminución de la concentración). De esta manera, podemos encontrarnos con personas que desarrollan trastornos de ansiedad, depresión, e incluso enfermedades físicas.
Por ello, es muy importante saber gestionar el estado de alerta para evitar las consecuencias indeseables mencionadas.
Alba Muñoz Olmo
Psicóloga