¿Alguna vez te has planteado levantarte un día de la cama y que todas aquellas personas que creías cercanas y de confianza hayan sido suplantados por impostores profesionales? Esta pregunta parece sacada de la sinopsis de alguna película o novela, pero es la realidad que viven las personas con Síndrome de Capgras (SC).

El SC fue descrito por primera vez en 1923, forma parte de los síndromes de falsa identificación (SFI) (Gallego, Vázquez, Peláez y López-Ibor, 2011) y tiene como característica principal el delirio que lleva a creer que los familiares y personas más allegadas, han sido suplantadas por dobles o impostores con un nivel de camuflaje y mimetismo extraordinario, puesto que se parecen mucho a los originales, pero con el convencimiento férreo de que no son ellos.

Este síndrome que afecta al 0,12% de la población general, y su etiología no está del todo clara, pero en los últimos años, con el avance de las nuevas tecnologías de neuroimagen, se cree que se debe a una alteración del circuito cerebral encargado de conectar las emociones, afectividad y recuerdos al reconocimiento de la imagen de la persona que tienen en frente (Mardoz y Hillers, 2010). Es decir, saben que los rasgos de sus familiares se corresponden con exactitud a los originales, sin embargo, al no activarse el sentimiento de familiaridad y confianza con ellos, tal y como sí pasaba antes de desarrollar el SC, se tiene la sospecha constante de que son impostores.

Este síndrome aparece asociado a distintas patologías (Mendoza y Munguía, 2016):

  • De tipo orgánico:
    • Cuadros de demencia de tipo Alzheimer, Párkinson, cuerpos de Lewy…
    • Lesiones cerebrales, encelopatías, epilepsia…
    • Endocrinas: alteraciones de tiroides, diabetes mellitus…
  • De tipo psicológico:
    • Esquizofrenia de tipo paranoide
    • Trastorno bipolar
    • Trastorno esquizoafectivo
    • Depresiones psicóticas
    • Abuso de consumo de sustancias (Alcohol)

De todo ello, el 61% de personas con SC tienen además un cuadro de esquizofrenia de tipo paranoide y alrededor del 20-40% de las personas con este síndrome, cuadros de demencia. La edad de inicio se sitúa en torno a los 24-25 años y afecta por igual sin consideraciones de estatus social, demográfico o de tipo académico.

Conociendo a la persona con SC

Una vez conocido el contexto al que se enfrenta una persona con este síndrome, nos es más fácil comprender las circunstancias a las que se ve expuesta, y entender su manera de actuar y reaccionar, la cual habitualmente suele ser ejerciendo violencia y ataque sobre las personas que cree impostoras. Aunque, aquí es interesante hacer una diferenciación entre las personas que tienen SC por causas orgánicas o psicológicas, pues las primeras se comportan de manera desconfiada pero pasiva ante los familiares, mientras que las segundas muestran mucha más tasa de violencia.

Todo esto se debe, según explican las propias personas con SC, al deseo de intentar recuperar a sus seres queridos y familiares, pretendiendo hacer que los supuestos impostores confiesen el delito (Gallego, Vázquez, Peláez y López-Ibor, 2011). Esto plantea varias cuestiones interesantes:

Por una parte, ¿actuaríamos nosotros de manera distinta si tuviéramos la sospecha real de que han suplantado a nuestros seres queridos?

Ante esta pregunta, hay que aclarar primero que el delirio de suplantación no se experimenta como algo ajeno a uno mismo sino completamente coherente, razonado y lógico con la experiencia, pues como hemos explicado en un principio, a pesar de reconocer los rasgos físicos de la otra persona, no se experimenta la sensación de familiaridad, que es la que nos permite confiar y reconocer emocionalmente al otro. Así pues, la respuesta a esta pregunta seguramente sea que actuaríamos de manera similar.

Y, en segundo lugar, ¿se puede convencer a una persona con SC de que está equivocado?, ¿existe alguna solución a este síndrome?

Dada esta situación, si intentáramos convencer y hacer ver a dicha persona que está equivocado o que sus ideas son incorrectas, nos toparemos con total seguridad con hostilidad y rechazo, ya que estamos cuestionando sus ideas, coherentes y fundamentadas que, aunque irreales y falsas, para él o ella son completamente verdaderas.

La manera de abordar este síndrome es con terapia especializada y medicación recomendada por un profesional, así con el tiempo incluso se ha logrado que tengan una visión crítica de su comportamiento reconociendo que estaban equivocados.

En conclusión, el Síndrome de Capgras plantea un reto para la estabilidad psicológica y emocional de la persona que lo tiene, fomentando conductas agresivas y promoviendo sentimientos de desesperanza, frustración, ansiedad, depresión, desconfianza e infelicidad por la pérdida de sus seres queridos. Y, aunque afecte a un porcentaje reducido de la población general, es importante conocerlo, visibilizarlo y comprender a las personas que día a día se enfrentan a ello.

 

Bibliografía:

Gallego, L., Vázquez, S., Peláez, J. C., & López-Ibor, J. J. (2011). Aspectos neuropsicológicos, clínicos y sociales de dos casos de síndrome de Capgras. Actas Esp Psiquiatr39(6), 408-14.

Madoz-Gúrpide, A., & Hillers-Rodríguez, R. (2010). Delirio de Capgras: una revisión de las teorías etiológicas. Rev Neurol50(7), 420-430.

Mendoza, L., & Munguía, J. C. (2016). Síndrome de Capgras. Número I37.

Tapia Flor, D. M. (2018). ¿Cómo y hasta qué punto la terapia cognitivo conductual podría ayudar a pacientes con el síndrome de Capgras?

 

Joselin Miranda Gómez

Psicóloga sanitaria

Colegiada Nº: M-34684